NAVIDADES NODOYUNERAS (III)

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    No es lo mismo pasar la Nochebuena que pasar una buena noche, y desde luego, no tenía nada que ver con zamparse una par de buenasnoches con chorizo. Y eso, Dieguín lo sabía bien… Y de primera mano, además.

    El misterio del paquete de café seguía sin resolverse, y era un misterio de los gordos, entre otras cosas porque ningún integrante de la familia Nodoyuna tomaba café.

    Sin embargo, las festividades no esperaban a nadie.

    La nueva facción familiar era de origen germánico, y como tal, tenían sus propias costumbres navideñas. Entre ellas, por supuesto, estaba el tema de Papa Noel que, supuestamente, iba dejando regalos a diestro y siniestro en la noche del 24 de diciembre.

    La Nochebuena de Dieguín era especialmente mareante, ya que tenía que hacer frente a dos tradiciones totalmente contrapuestas, y salir airoso del intento.

    Cosa que, normalmente no ocurría, por supuesto.

    Mamá Nodoyuna reservaba los mejores manjares para la cena, como mandaba la tradición de sus mayores. Por ello, la comida de mediodía era, como decirlo, más bien “escasita”.

    Dieguín ya empezaba a tragar, por aquellos entonces, como si no hubiera un mañana, así que la idea no le entusiasmaba demasiado.

    Pero en fin, no quedaba otra…

    A eso de mediatarde, Papá Nodoyuna recogía a sus hijicos y se los llevaba a la Caleta de Vélez. Una media hora de viaje por la “carretera chica”, dado que aún no existía la autovía.

    El plan consistía en dar una merendola con la familia prusiana y recoger unos regalos de Papa Noel. Este plan, a priori, era del agrado de Dieguín, que tenía ya más hambre que el niño del chiste de los garbanzos de Paco Gandía, y que ya a la altura de Torre del Mar, empezaba a darle bocaos a los sillones del coche.

    La merendola era, por supuesto, basada en chuches, frutos secos variados y cocacolas, que eran devorad@s por Dieguín y su brother con fruición. Así que esa parte resultaba, al final, bastante satisfactoria, a pesar de la obligación de alternar con la familia aquella, cosa que Dieguín intentaba evitar a toda costa, a base de no dejar la boca quieta en ningún momento… de zampar, se entiende.

    Luego venían los regalos, que normalmente consistían en un par de jerseys hododosos, aunque lo peor no era eso, sino que la talla NUNCA era la correcta.

    En cualquier caso, era un mal menor, ya que, a esas horas, lo único que interesaba a Dieguín era saciar el hambre que llevaba.

    Tras un par de horas, camino de vuelta al hogar, donde Mamá Nodoyuna ya tenía preparada una frugal cena de Nochebuena.

    Cena que, muy a su pesar, se quedaba compuesta y sin comensales, ya que Dieguín y su hermano ya venían saciados de la anterior visita.

    Como consecuencia, el enfado maternal iba en un espectacular crescendo, hasta el punto de que Dieguín podía atisbar en su madre cierto tono verdoso en la piel, aunque al final, la sangre no llegaba al río…

    … O sí…

    Tras calmarse una miaja y recuperar su tono natural de piel, Mamá Nodoyuna atisbaba a mascullar una serie de frases que se repetían todos los años, en plan mantra navideño.

    -“La mierda los niños estos, el año que viene va a hacer la cena vuestra tía
    – “Esto tu padre y la alemana lo hacen a propósito
    – “Y encima, vaya regalos. Ahora hay que ir a descambiarlos

    Y así, el resto de la noche…

    Dieguín intentaba capear el temporal como solo él sabía hacerlo… intentando comerse su parte de la cena, aunque fuera a reventar, de nuevo, como el niño del chiste de los garbanzos de Paco Gandía.

    El resto de la velada se pasaba viendo la tele, mientras que Awela Nodoyuna, todo amabilidad y comprensión, intentaba consolar a su hija… básicamente, a base de meter cizaña.

    – “Esto te pasa por hacer la cena
    – “Estos niños están en tu contra, lo veo
    – “Es que tu ex-marido es un (inserte aquí su insulto favorito)”

    Por momentos, parecía que la cosa no podía ir a peor, pero aún faltaban días para que Murphy y sus leyes hicieran acto de presencia.

    Porque si hoy era Nochebuena, al día siguiente era Navidad…

    …Y el tema del café no tenía visos de resolución…

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