CAPÍTULO 1: NODOYUNA’S RISING!

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    Bien, empecemos por el principio… Los padres de Dieguín se casaron en 1968… Un par de meses después de todos los jaleos de aquel año en Paris y otros lugares, Mamá y Papá Nodoyuna se casaban, nada menos que en la Iglesia de la Victoria, la patrona de Malagópolis y bla bla bla…

    La cosa tuvo tanto postín y boato que la noticia del evento salió incluso en los periódicos de la época…

    No en balde, Papá Nodoyuna era hijo de un personaje (en el más amplio de los sentidos) que se movía en ciertos ámbitos, y que conocía a mucha gente y que, no lo olvidemos nunca, estuvo a puntito de hacer nieto de la Piquer a su hijico, nada menos… Mamá Nodoyuna, por otra parte, era más “normalita”, hija de un empleado de banca y con 19 añitos de los de antes…

    En fin, que como mandaban los cánones de la época, y antes de dar lugar a habladurías con grandes dosis de mala baba, más o menos al año justito del casorio paternal, se da a conocer a familiares y amigos la noticia de que Mamá Nodoyuna estaba en estado, esperando un bebé.

    Aún en estado larvario, Dieguín ya intuía (con gran acierto por otra parte), que una vez saliera “fuera”, le esperarían no pocas vicisitudes y aventuras. Ante tal intuición, nuestro personaje decidió que, desde el primer momento, iba aprovechar al máximo aquellos nueve meses de solaz y calma en el vientre matenno.

    ¡¡¡Los cohones!!! Papá Nodoyuna, como empleado que era de una importante empresa alemana, tenía que hacer frecuentes apariciones por aquellas tierras de Dios, ya fuera para formarse en el idioma (que el alemán no es algo que se aprenda en una mañana), como para cerrar alguna operación empresarial ultra-importante.

    Como Mamá Nodoyuna no se fiaba demasiado de tanto viaje, decidió, en uno de ellos acompañar a su maridito, a pesar de que ya estaba embarazadísima.

    – “Ya verás, MariCarmen, lo bonito que es todo esto“, le dijo

    Efectivamente, bonito era… y muy blanco también… Quizá por las fechas en que tuvo lugar el viaje, aquello estaba nevado, día sí y día también.  Pero nevado de verdad, no como las mariconadas de nevadas que hay ahora. En los años 60, cuando decía de nevar, nevaba como si no hubiera un mañana… Y, claro, en Alemania, más aún…

    Tras un par de meses rondando por aquellos lugares, Mamá Nodoyuna estaba ya que se subía por las paredes. Aunque el embarazo le daba calores, no eran suficicentes como para apaciguar el tremendo frescazo que hacía allí.

    Así las cosas,  este sería el primer contacto que Dieguín tendría con el otrora glorioso imperio germánico… Con el tiempo, se desarrollará una extraña relación de amor/odio entre Dieguín, Alemania y los alemanes…

    Y es que, aunque este es un dato que poca gente sabe, Dieguín estuvo a “esto” de llamarme Fritz Nodoyunen. Afortunadamente, Mamá Nodoyuna tuvo un instante de lucidez, y se volvió a su tierra natal, a la primera ocasión que tuvo… La mujer, al verse en su hábitat natural, ante el brutal cambio de temperatura, y al verse rodeada de familiares y amistades varias, fue pisar terruño hispano y ponerse de parto…

    Ya apuntábamos antes que Dieguín pensaba aprovechar la calma chicha del vientre matenno al máximo. Y uno, cuando dice algo así, no lo dice a la ligera, y lo cumple mientras puede. Así las cosas, y teniendo en cuenta que lo normal en un embarazo humano son unos 9 meses mal contaos, Dieguín se quedó “allí dentro” un mesecito más.

    Con el chiringuito ya casi montado, Dieguín oyó unas voces desde el exterior, que decían “Bueno, vamos a sacarlo ya, que esto no es normal

    Dieguín intentó ser lo más fiel posible a su temprana postura vital, aferrándome a todo lo que podía, como un Braveheart cualquiera, pero toda resistencia fue inútil, ya que, finalmente, terminaron por sacarlo a rastras. Y menos mal, porque una vez fuera, y el médico le dio lo típicos golpetazos en el culete,  Dieguín pudo ver, como de soslayo, a enfermero guardando las bombas de gases lacrimógenos, que había preparado por si era necesario.

    Curiosamente, esta situación se repetirá, metaforicamente hablando, y en más de una ocasión, a lo largo de nuestro personaje.

    Años más tarde, ante las preguntas de un aspirante a psicólogo, y hablando sobre este particular,  Dieguín se justificaba diciendo que “es que se estaba muy bien allí dentro

    En fin, que resultando un parto de burra, finalmente Dieguín llegó al mundo, aunque no por voluntad propia, tras 10 mesecitos de embarazo… y un peso cercano a los 5 kilos.

    Los doctores no habían visto cosa igual, y a eso de la una de la madrugada, el paritorio de Carlos Haya era un tumulto… Gente muy preparada para estos menesteres se llevaba las manos a la cabeza, tirándose de los pelos, el que podía.

    La cosa es que el parto en sí mismo no fue especialmente largo ni doloroso, pero claro, el hecho es que no hacía más que salir niño y más niño. Al principio, los médicos pensaron que se trataba de siameses, y que en el otro extremo, saldría otra cabeza, que justificara tanto tamaño y peso. Más tarde, al ver que esta teoria no era válida y que el bebe sólo tenía una cabeza (aunque gorda, eso sí), los doctores, tras varias reuniones, llegaron a la conclusión de que lo que había pasado es que se trataba de un parto de gemelos, pero que uno de ellos se había comido al otro…

    Ya saben, como las muñecas rusas esas…” proclamó, finalmente, el Dr. Mumble, que por aquellos entonces era director del hospital…

    Mientras tanto, en los pasillos, y como nadie sabía exactamente que pasaba, el boca a boca funcionaba como nunca antes:

    – ¿Sabes lo de la mujer de la planta 3?
    – Algo he oido, pensaba que solo era un rumor
    – ¿Rumor?… Ojalá… Desde que ayudaba a nacer a los potrillos del cortijo de mi abuelo, que no había visto nada igual
    – Madre mia… ¿y es verdad lo del peso?
    – Hazme caso Damián, cinco kilos… Un potrillo, lo que yo te diga…

    A todo esto, y tras el parto, Mamá Nodoyuna no cesaba de hacerle preguntas al Dr. Cobacha, el médico de guardia:

    – Dígame dortor, que ha sido, ¿niño o niña?
    – Un niño, señora… Pero lamento decirle una cosa… Este niño le va a traer problemas
    – Pero ¿por qué zeñó, por qué?
    – Verá señora, ha tenido usted a un pensador lateral

    – Un… ¿queeeee?
    – Un rarito, señora, un graciosillo… Un ente porculero, en definitiva
    – Válgame el cielo… Y ahora, ¿que le digo yo a mi marido?
    – Mejor que no le diga nada, señora… Ya se dará cuenta él solito
    – Pues a ver como se lo toma… con lo especialito que es el hombre

    Y así fue, poco más o menos, como un 16 de Junio de 1969, y como elefante en cacharrería, nuestro Dieguín Nodoyuna vino al mundo. Pero no como Gila, que nació solo, no. Que allí había más gente que en un concierto de los Rolling, todo sea dicho… Y es que, la expectación y la polémica ha acompañado a Dieguín desde sus primeros balbuceos…

    Justo un mes más tarde, el hombre llegaba a la Luna… ¿Casualidad o cosas del equilibrio cósmico?

    Fotografía de archivo del Hospital, en el que se puede observar como ya, desde un principio, Dieguín tenía “ESA” desesperante sonrisa en la cara

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